*Lo siento, amiga, no estoy en ninguna condición de pensar en una entrada como la que me pediste, sin embargo, no creas que la he olvidado, sólo debo avisarte que es probable que tarde un rato en poder hacerla, últimamente las cosas me van un poco mal…*

La vida es complicada, eso lo tenemos en cuenta. Lo es porque no existe un libro que te diga cómo llevarla a cabo sin que seas infeliz, ni una persona que te sirva de molde para hacer exactamente lo mismo y estar a gusto. La vida implica crecimiento, y este duele. Generalmente preferimos estar igual siempre, permanecer enanos y no crecer; todo con tal de no sufrir.

Pero, ¿qué me ha pasado? Hace un mes aproximadamente ya veía mi próximo cumpleaños muy cerca, llegaría a los 19 años. Comenzaba a cuestionarme qué pasaría a partir de ese entonces, no consideraba los 19 una edad resaltante. A los 18 ya eres mayor de edad (en México) y a los 20 estás en la edad cumbre, cuando debes aprovechar antes de ser un adulto a los 21. Pero a los 19, ¿qué pasa?…

Comencé a considerar los 19 años como una etapa intermedia entre los 18 que dejaba atrás y la preparación hacia unos grandiosos 20 años. Entonces, quiero unos 20 de lujo y por tanto debo joderme todo este año para tener un buen futurito. Tengo todo un décimo de década para trabajar en lo que quiero disfrutar el siguiente año. Así, llegué a la conclusión de que sería una etapa de transición, de trabajo arduo, de cambio acelerado.

Con tales proyectos, yo no veía venir más que grandeza. Sin embargo, como he dicho, crecer duele. Aparentemente Dios estuvo muy al pendiente de esas múltiples reflexiones que tuve; puso en mi camino un ser que cambiaría mi vida. Aún me cuesta entenderlo, creo que no podré nunca. Las piezas se unieron en perfección y, en esta etapa tan susceptible al cambio, apareció el chispazo que hube necesitado toda la vida para ser constante. El cambio requiere de perseverancia, algo que a mi me faltaba bastante. En esta ocasión, Dios no se hizo esperar y aprovechó mi momento de iluminación para dejarme caer la soga que he de trepar durante un año entero.

Sí, he repasado veinte veces la situación y todo llega a un punto en que debo dejar atrás muchas cosas. Es interesante que a pesar de que he estado cambiando bastante en los últimos años, sea este el que considero de mayor magnitud (más no relevancia). Planeo un año larguísimo lleno de moretones, raspaduras y espinas enterradas. Las pausas serán para recuperar el aliento, no más, no puedo dejar pasar esta única oportunidad. No hay botones Reset, ni algún Rare Candy para subir un nivel sin tener que ganar experiencia. Debo trabajar.

Pero entonces tengo un retroceso, el primero hasta ahorita, mi primer trabajo fuerte y frágil a la vez. ¿Cómo así, Dios apareció y me hizo cosas que no entiendo? Análisis, racionalización, pensamiento, ideas, creatividad… Ya no me ha bastado darle vueltas al asunto una y otra vez, mientras más pienso las cosas, más infeliz me vuelvo. Pensar es la mitad de mi vida, me falta sentir.

He descubierto lo más maravilloso que he imaginado jamás: tengo sentimientos. La capacidad de sentir no es sólo lo que nos pintan en conceptos como amor, tristeza y bla bla bla… cosas de kinder. Los sentimientos ya no caben en definiciones o conceptos válidos, son tan aleatorios y cambiantes que no se pueden saber. El entendimiento no tiene lugar aquí, porque es imposible entender lo que ha de sentirse, así como es imposible sentir lo que se debe entender.

Normalmente el proceso es el último, el niño quiere entender por qué su papá no lo deja comer dulces en la noche; en realidad debe sentir que lo hace porque quiere que esté bien, que duerma a gusto y no tenga problemas para despertar al día siguiente. Es imposible entender eso a una edad corta, más es posible ya desde entonces sentir el amor paternal.

En mi caso… bueno, mi caso es… pf… me duele. Descubrí que no puedo resolver si alguien piensa en mí a través de análisis, sólo termino enfermándome con eso, y es que ¿cómo sabes si alguien piensa en tí? No se puede, no puedes tener el conocimiento ni entendimiento alguno sobre eso; pero puedes sentirlo. Es el mayor entendimiento que logré tener, el que me indica que él mismo no basta para saber, es decir; no basta el entendimiento. Llegar a sentir a otro ser es algo que siempre he deseado, esa sensación mágica e indescriptible sobre la que tengo conocimiento, pero no sentimiento.

En este momento no sé qué hacer, estoy en un problema crítico (y crítico en serio). Quiero entrar en contacto con el Dios que se siente y no se piensa, con los seres que me sienten en la distancia, con lo espiritual. Ya no puedo seguir pensando las cosas, estoy flotando entre la bruma y no veo nada ni usando lentes o reflectores, nada basta. Necesito esa voz guía en la cuál confiar para salir de la confusión y llegar al camino iluminado, libre, el sendero que me lleva al Sol.

Sé lo que necesito, sé muchas cosas, pero no puedo sentir. ¿Cómo he de sentir? ¿Cómo puedo ya dejar de sufrir en vano?

Ya no puedo hacer nada, no sé cómo hacerme vivo. Quisiera gritar con una voz tan fuerte que resuene de este a oeste. Si pudiera, apagaría cada luz y cada estrella hasta que lo único visible fuera el brillo de mis ojos. Correría hasta esa guarida clausurada sólo para espiar, espiar sin entrar o existir en realidad, eso me bastaría. No encuentro la forma de hacerme visible, audible, existente, real… En este momento yo no existo y nada existe para mí. Me encuentro en el vacío que rodea mi ser y estoy vacío por dentro.

sañghuaifbndfahbdilahadfu

Yaaaa! Que termine ya esto, llevo ocho días, ocho mugrosos días y ya no puedo soportarlo; faltan más de trescientos. Tengo las agallas para aventarme el paquete, pero la fortaleza no. Mi cuerpo humano, mi mente joven y mi corazón inexperto no me dan para eso, sólo Dios puede ayudarme… y cuánto me alegra darme cuenta de que es así, de que solo no puedo, de que soy frágil y vulnerable, de que tengo sentimientos, de que un alma en mi interior está sufriendo y por más que yo lo desee no pueda ayudarla. Cuánto me alegro, Dios, de saber que te necesito; pero me alegro más, de saber que estás ahí.

Anuncios