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Saludos. Hace tanto que no escribo por aquí que me da miedo pensar que pocos vayan a leer esta entrada; sin embargo, regreso a trabajar un poco, ya ha pasado un tiempo desde aquél acontecimiento complicado con el que me crucé que creo que ya me merezco algo de trabajo mental. Por supuesto que la inspiración ha hecho su trabajo, hace unos días mi cabeza dio vuelta a unas cosillas que a continuación les explico.

Viviendo en un país latinoamericano en donde la cultura es predecible y la religión gobierna las cabezas del ganado popular (nosotros) es fácil imaginar que todos mis lectores han escuchado hablar de lo que es un don. La típica representación de Jesús que cura enfermos y demás, así como las exaltaciones de las personas exitosas, los genios científicos y demás, abundan en nuestra memoria. Todos nos hemos topado con la mención de algún genio.

El típico genio de la música: Beethoven

La gente le llama “don” a esa capacidad peculiar, otorgada de manera excepcional a cierta persona. Esto implica que es poco común, que no se ha heredado en su totalidad desde un gen (pero sí posiblemente de muchos genes similares) y que coloca al poseedor sobre los demás en el rango de acción de dicho don. Es decir que si alguien es especialmente hábil con los números, podríamos pensar que posee un don que le da un rango superior, cuando de matemáticas se habla, al compararse con otros con habilidades comunes.

Hasta cierto punto, vamos bien, pero la verdad es que entre tanto elitismo, explotación y necedad, la gente olvida las fuentes básicas, las raíces más profundas de la realidad. Nunca falta aquél que quiere explotar un don ajeno, como los padres que usan a su hijo para ganar reconocimiento propio. ¿Cuáles son estos principios básicos?

Un don es un regalo que no tiene dueño. Generalmente, cuando alguien descubre a algún ser con cierto don, le atribuye al ser mismo su capacidad, aunque también existen quienes dicen que los dones deben ser usados para el bien común. Es el típico caso del médico que entra en dilema sobre trabajar en un hospital público o uno privado: ayudar a todo aquél que lo necesite (mi don es de todos, venid por él) o sólo a aquél que me pague bien por hacerlo (el don es mío, págame si lo quieres). La respuesta es paradójica, hablé sobre eso antes así que no hay que quebrarse la cabeza más de lo necesario.

Un don no es una capacidad que nos permite ser mejores en algo. Hay una diferencia colosal entre ser bueno y ser mejor. El primero habla sobre poder hacer algo bien sin muchas dificultades, el segundo habla sobre la comparación entre quien lo hace con facilidad y a quien le cuesta más trabajo. El primero habla sobre el ser aislado y el segundo sobre el ser comparado contra otros. El primero es humilde, el segundo es desagradable, incómodo, molesto, denigrante, abusivo y manipulador.

Un don no es un regalo. Justo por eso ponía que era un regalo y no un regalo. La verdad es que los dones no son regalos, son como cosas que se dan sin que las esperes, el problema está en que no son gratis. Un regalo se da sin esperar mucho a cambio, los dones se dan esperando muchas cosas a cambio. Si Dios te ha dado un don, no es porque te ha regalado algo, pensar eso es ridículo y masoquista (el típico “desearía no haber recibido este don”, para quien ve muertos o predice el futuro). Que te sea otorgado, no significa que no se cobre. Es como la forma que tiene Dios para trollearnos, aunque la verdad es que los dones te dan posibilidades fantásticas si sabes aprovecharlos, por eso es que son regalos (y repito, con bastardilla).

Como no es un regalo, un don debe manejarse con responsabilidad. Dejé este para el final a propósito, pues es el más importante de todos. Sin importar si los demás puntos te parecen correctos o agradables, este no lo debes pasar por alto. Un don es una capacidad que debe ser utilizada siempre con responsabilidad, sin dañar deliberadamente a otros. Por eso es que pagamos, porque debemos estar al pendiente de esas capacidades para evitar cometer errores que les cuesten a otros.

Debo admitirlo, es una frase grandiosa.

En la Tierra, vivimos como en un campo de pruebas para ver como reaccionan unos dones contra los otros. No podemos evitar equivocarnos, sentir desesperación, ansiedad o incertidumbre. No es necesario preguntar todo el tiempo el por qué de los dones, esas respuestas llegan [casi siempre] solas. Tampoco hay que sentirse malignos por poseer algún don que parezca anti-moral, quizá poseer un don así implica que nuestra moral está mal.

Es muy típico que quien posea un don se sienta aislado e inhumano. Ocurre que al vivir en sociedad, los dones menos explícitos y contrastantes (como hacer una sopa exquisita), que no son demasiado notorios entre la sociedad, que se vuelve cada vez más gris, se vean marginados y exagerados por quienes no tienen la misma capacidad. Todos poseemos [al menos] un don, así que no hay que discriminar a quien tenga alguno que llame más la atención.

Nikola Tesla, un genio marginado por el gran poder de Alva Edison, un plagiador.

La falta de educación, de moralidad, de espiritualidad y de unión con los otros seres vivos, nos ha hecho dar malos pasos a la hora de tratar con estos regalos otorgados por Dios (o lo que se te antoje la gana); por esta razón es que debemos transmitir mensajes de humildad y empatía con quienes nos rodean. Cada quién tiene un don y debe aceptarlo y hacer un uso consciente y responsable del mismo, pedir ayuda es necesario en muchos casos, existen dones difíciles de manejar o para los cuales no hay un estándar el cuál seguir.

Con ese mensaje me despido, espero que hayan disfrutado la entrada, seguro que ya muchos de ustedes se han identificado con una que otra cosilla y por supuesto que tienen muchas ideas para compartir y para rellenar huecos que yo he dejado. ¿Cuál es tu don?, ¿qué más crees que se ha perdido acerca de los dones?, ¿qué clase de dones has discriminado?. El tema es larguísimo, la interpretación y demás los dejo a su criterio. Les deseo lo mejor… y recuerden: Lean, Comenten, Compartan!