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Saludos. En la entrada pasada tocamos un tema que puede ser un tabú bastante tenebroso para la mayoría de las salas, comedores y recámaras de un hogar, pero bastante común en un cementerio; la muerte, uno de los muchos temas (al igual que el dinero, la sexualidad, etc) que no deben tocarse a menos que sea estrictamente necesario; un tema mal visto por la sociedad y uno de los grandes enemigos del ser humano.

Parece que los animales no sufren al morir, ni las plantas, ni el humano, quien sufre son los vivos que extrañan al muerto. Esto podría llevar a pensar muchas cosas… Para empezar, por qué sufrimos por la muerte de otros? Por qué buscamos vivir eternamente?. El tema es largo, las explicaciones variadas, trataré de resumir.

Todos los seres vivos tienen un instinto grabado en lo más profundo de su ser: la supervivencia. Todos los seres vivos intentan mantenerse así… vivos; necesitan alimentarse, necesitan dormir, respirar, beber agua, hacer ejercicio, convivir, etc… Ocurre que todo el instinto de los seres vivos se enfoca en primera instancia a la supervivencia del individuo en cuestión, y en segunda instancia a la supervivencia de la especie (reproducción). En este caso no hablamos de la lujuria, así que concierne el primer objetivo.

Cuando los animales presienten la muerte, se activa su instinto y buscan, a como de lugar, sobrevivir, sin importar nada; es mero instinto, no hay razón ni intuición metida en ese asunto. Si una manada de elefantes ve un incendio cerca de ellos, se generará una estampida que bien puede provocar la muerte de muchos animales, pero no de los elefantes, ellos deben sobrevivir. Cuando la muerte se avecina, no importará nada con tal de sobrevivir. Eso es lo que pasa en el primer plano, en el instinto.

A que no te les paras en frente...

Sin embargo, el ser humano es un animal muy domesticado y ya mete intelecto a sus juicios. Vivir no deja de ser lo más importante, pero la vida en ese momento toma varios sentidos. El sentido para el que cada persona vive determinará su necesidad de mantener su vida intacta, de evadir a la muerte. Un político, que vive básicamente del instinto no querrá morir, se convertirá en un cobarde con tal de mantenerse íntegro; destruirá a quien se le ponga en frente con tal de estar bien él mismo. Un científico, que vive del intelecto, se mantendrá vivo de su conocimiento, todo girará en torno a ello y buscará que su conocimiento perdure, que su vida se mantenga hasta que sus investigaciones terminen; una vez realizado su proyecto, podrá morir sin problema, sin miedo, sin reproches; incluso será capaz de morir con tal de defender sus ideas y conocimientos.

En los humanos el instinto por mantenernos con vida se distorsiona y se vuelve bastante relativo. Cada quién tendrá sus motivos para vivir o no vivir. El fuego ya no nos hace correr en estampida. Incluso tenemos reglas para evitar incendios, por ejemplo; cuando en un edificio ocurren incendios tenemos reglas que buscan evitar el impulso instintivo por correr como manada; debemos tirarnos al suelo y arrastrarnos con un paño húmedo en la boca, evitar la cercanía con el fuego a menos que podamos hacer algo… Tenemos reglas para evitar al instinto de supervivencia que la naturaleza nos ha dado; esa es la domesticación del ser humano.

Sin embargo, el instinto está ahí y difícilmente veremos a un señor esperando a que las damas salgan antes que él por la puerta principal; en el incendio el instinto aflora y todos saldrán por las ventanas sin importar si cortan a alguien o a sí mismos. Pero entre el instinto natural y la domesticación surge el eterno enemigo de la psicología, el destructor de la paz: el ego.

SÍ... obviamente hablo del estúpido shampoo... y el gel también...

El ego es una de esas grandes barreras que nos impiden avanzar, porque busca la conservación, el estado actual, la inmovilidad, el “yo estoy bien y todos los demás están mal”. Cuando el ego surge, el instinto por la supervivencia se vuelve muy diferente al de los animales. Buscando la vida, el ego comenzará a alejar a la muerte, empezará a rechazarla y a verla como algo oscuro, maligno, negativo. El ego movilizará toda tu cabeza para que cuando la muerte sea mencionada, tú te espantes o te pongas alerta (eso es lo que llamamos morbo).

Los deseos de inmortalidad, el tabú de la muerte, las intenciones egoístas sobre otros. Todo esto se junta cuando alguien está por fallecer o ha fallecido. Cuando otro muere tu ego trabaja sin que te des cuenta y genera una gran cantidad de ideas que se adaptan a tu supervivencia por encima de la de los demás. Un ejemplo muy común es ese pleito de los hijos por la herencia del padre; alguien murió y tú necesitas vivir, entonces apérrate todo el dinero que puedas.

Ya que la muerte es una situación sin solución, lo más saludable es aceptarla. La muerte no es uno de esos temas peligrosos aunque tu ego te plantee cosas diferentes.  Obviamente, no te pondrás a charlar de esto con tu abuelita mientras desayunan; existen gente que no es capaz de asimilar esos temas debido a su mala educación; pero si tú aún tienes una mentalidad lo suficientemente joven como para aceptar nuevas ideas, entonces simplemente ve la muerte como eso que llega y punto, como eso que ocurre y no hay más, como eso que a todos nos pasa. Aceptar que se terminó el juego es difícil; aceptar que la vida terminó lo es más, pero no debemos sufrir por algo tan simple como el fin del cuerpo material, como el desgaste más largo que pudo aguantar nuestro organismo, no es el fin de los tiempos, sólo el fin de la vida.

Qué sexy te vas a ver cuando te mueras!

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