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Bien, haré mi primer anexión sobre un tema que si bien, no es necesario, considero que es importante. En la entrada pasada, sobre el perdón, siento que avancé muy rápido, sin dejar que las ideas se organizaran correctamente en el lector. Por eso es que daré (algo tarde) los antecedentes de lo que expuse.

Iniciaré por lo más sencillo y que nos lleva a un nivel no tan profundo. Manejo el mundo interior como ese que refiere a todo lo que habita dentro de nuestras mentes. Incluye la imaginación, las ideas, los deseos, etc. El mundo interior no se encuentra en contacto con el exterior por completo, pero sí existe una especie de franja en que las cosas pasan del interior al exterior; más o menos por esa zona radican los sentimientos.

El mundo interior nos permite llevar una vida que no depende de los demás. No implico que el ser humano sea capaz de vivir sin las demás personas, sino que en el mundo interior podemos realizar cosas sin que exista nadie más. Por ejemplo, al tomar una decisión en el mundo exterior debes tomarla con varias personas, como al votar o debatir; pero al hacerlo en el mundo interior, se toman con respecto a las ideas y necesidades propias.

Esto no quiere decir que ambos mundos no puedan existir al mismo tiempo. Es posible tener vida interior cuando se está con los amigos, así como es posible tener vida exterior aún cuando se está solo.

Haciendo un poco de lado la explicación, cabe remarcar que la sociedad actual tiende a desechar el mundo interior y darle menor validez por encima del mundo exterior. Nos obligan a salir de ese mundo, tachándolo de extraño o innecesario, dejándonos con problemas internos sin resolver y con una vida exterior demasiado importante. Tal es su importancia, que puede llegar a dominarnos.

Me preocupa que la gente se alarme cuando vea la palabra Dios escrita con mayúscula inicial. Puedo apostar a que muchos, hasta los que no lo comentaron, fueron despechados de su atención por esa sencilla palabra: Dios.

Hemos perdido mucho contacto con esa entidad que muchos regulan como divina y utilizan como fuente de ingresos y privilegios. Sin embargo, Dios no es mas que un ente completamente abstracto, que reside en el mundo interior de todas las personas y que se puede tomar como superior a todo lo que podamos concebir.

Está bien establecido y comprobado que la falta de creencia en algún ser superior, Dios, causa conflictos en las personas. Quizá problemas existencialistas (como problemas de identidad) o soberbia exagerada. Es Dios un ente supremo y superior, sin forma física ni nada por el estilo, quien nos permite tener a un ser más grande, fuerte, importante y poderoso que cualquiera de nosotros. Como ya creo haber dicho, todos nosotros tenemos el mismo valor, sea el Papa o el obrero que trabaja en la construcción de al lado. Es desagradable pensar que nosotros podemos valer más que otras personas.

Consolidaré mis palabras e ideas: Dios es un ente intangible y abstracto, que nos permite tener un ser superior a cualquiera de nosotros. En este orden, Dios podría considerarse una herramienta para tener algo más grande y no ser soberbios; sin embargo, cuando se cree en Dios es posible darse cuenta de que no es así. Es bastante complejo lograr creer de verdad en él. Ese Dios existe  y radica dentro de nosotros.

Es curioso, podría pensarse que al creer en él, existe. Como un Santa Claus de película, pero es más o menos ese el funcionamiento. Sólo que más allá de creer en él como un niño iluso, sabes que debe existir algo más grande, con el que eres capaz de comunicarte si lo deseas y que puede terminar o iniciar, crear o destruir cualquier cosa o hecho.

Dios es real y tarde o temprano todos terminamos por creerlo, pocos terminan incrédulos ante esa realidad. Quizá podamos concebirlo de diferentes maneras, pero eso a nadie debe importarle, cada quien lleva su vida de formas distintas y es capaz de decidir cuál será su Dios siempre y cuando se tome en cuenta que ninguna persona puede ser un Dios, pues no será superior a nadie más.

No se sientan agredidos al respecto, pero por experiencia propia he visto que quienes creen en Dios llevan vidas más plenas (hablo de contacto con personas que creen en el verdadero Dios y no en figuritas de plástico). Por supuesto he visto el lado negativo y lo he experimentado, la falta de creencia en Dios conlleva una vida interior desgastada, desordenada, problemática, conflictiva y/o ausente.

Espero que puedan entender mis palabras y hallan eliminado esas ideas ridículas sobre un dios de telenovela que ilumina la sala cuando es invocado y le da a los buenos una vida hermosa y a la gente mala la manda al infierno. Hay consciencia de que Dios es capaz de poner obstáculos y atajos en las vidas de las personas sin modificarlas, pero siempre de maneras bastante curiosas e insospechadas (es decir, no favorece al bueno y perjudica al malo, sino que construye todo un sistema complejo que podría darle una vida fácil al malo y difícil al bueno).

Más adelante hablaré sobre lo que Dios hace sobre nosotros, pero no corresponde aún. Por favor comenten y respondan la encuesta de integración.

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Creo que el tema del resentimiento resultó algo importante para quienes lo leyeron, y por eso he decidido reestructurar mis ideas y hablar sobre la que yo confío como la mejor solución a dicho problema antes de terminar con los defectos de carácter.

Antes de poder cerrar las puertas de la ira con el uso de la tolerancia, tenemos que limpiar el interior que está lleno de toda esa suciedad del resentimiento. Perdonar es la palabra que he estado mencionando desde que cerré la entrada anterior; pero ¿cómo puedo perdonar?

Perdonar no es recibir una disculpa y aceptarla. Quizá muchos quisiéramos que todos los que nos hacen daño se presentaran frente a nosotros y nos pidieran disculpas. desafortunadamente, esto no es posible. Por esto es que el perdón es, un tanto, para nosotros mismos.

Aprender a perdonar es algo complicado y toma su constante autoanálisis, pues de lo contrario podría resultar un tanto vacío. Debemos comprender que si la persona no estará dispuesta o no puede pedir perdón (si vive lejos, o está muerta por ejemplo), tenemos que perdonarla en nuestra mente. Esto se hace más claro cuando a quien tenemos que perdonar es a una institución o grupo de personas, etc.

El perdón tendrá que ser de corazón, cien por ciento sincero y sin interés de lucro alguno. Al perdonar, se libera todo deseo de venganza, resentimiento y malos deseos en contra de lo que nos causó daño. En el momento en que se lee esto se pensará que es factible, pero cuando se comienza a dar más vueltas al asunto y se toma un poco más en serio lo creeremos imposible, ¡¿cómo perdonar algo que me causó tanto daño?!

Muchas veces, el daño que nos causaron parece imperdonable y estamos dispuestos a quedarnos con el resentimiento almacenado con tal de no tener que perdonar algo así. Preferimos contaminarnos y dañarnos más ¡aún cuando sabemos que basta con unas horas de meditación para aliviarnos la vida!

Es completamente normal que ocurra, se puede decir que la persona enferma de resentimiento es más bien normal, mientras quien está sanado de tal problema es anormal. En la sociedad, nos hemos entrenado tanto como seres fríos y superficiales, rodeados de atracciones a nuestro alrededor, que nos olvidamos de nosotros mismos, se acaba la vida interior y vivimos en las calles, el trabajo, el gimnasio, los amigos, etc.

Sin embargo, por normales que parezcamos, debemos volvernos anormales para ser felices. La idea se torna un tanto bizarra, pero ocurre que la gente normal no es tan feliz como aparenta serlo; ser anormal no implica convertirnos en fenómenos, sino actuar diferente de como lo hace la mayoría de la gente (a la que consideramos, por alguna extraña razón, normal).

Dedicar unas horas de un fin de semana, libre de estrés o gente a nuestro alrededor; de la manera más pacífica posible y sin distracciones. Nos ponemos en contacto con Dios y nos olvidamos de que la demás gente está afuera mientras intentamos sanar nuestras heridas. Primero hay que recordar todos esos eventos en que nos dañaron (pueden ayudarse tomando notas, dibujando o de la manera que se puedan expresar mejor), repasarlos y activar nuestra memoria emocional, percibir las emociones y sentimientos revolcándose en nuestras entrañas.

Posteriormente, iniciamos con la parte del perdón. Ya que se han revocado todas las experiencias anteriores, comenzamos el contacto total con Dios y perdonamos. Entregamos todas esas dolencias alojadas en nuestros corazones y le dedicamos a Dios, el único que puede acabar con todo eso que nosotros no pudimos manejar, toda la responsabilidad sobre nuestro resentimiento. El contacto con dios no necesita ser religioso, pero si eso ayuda a acrecentar la fe, se puede realizar un ritual adecuado a cada tipo de culto; siempre y cuando se recuerde que el contacto no es con un santo, un ángel ni nada por el estilo; es el Dios que lo cubre todo.

Tras haber utilizado la meditación interna que te ha parecido más adecuada (y que suele ser distintiva de cada persona), habrá que descansar. Se ha limpiado el alma, hay que darse un baño, ir a la playa o lo que sea que parezca refrescante para la mente y el alma. No es necesario platicar con nadie sobre lo ocurrido, no es necesario juzgarse a sí mismos por lo que pasó. Es un día completo de purificación del alma en que todo debe ser paz.

Si se puede hacer durante la noche resultaría mejor, está bien comprobado que el cansancio acaba con las resistencias propias de la mente (tema bien relacionado con la soberbia); estar en ayuno resulta bastante bien por igual. No es autoflagelación, es una medida para cansar a nuestra mente y evitar que intente defenderse.

El mundo no va a ser diferente, pero como habremos cambiado, podremos notar diferencias en él. El cambio propio cambiará nuestra percepción de muchas cosas y podremos notar con menor subjetividad y engaño las situaciones que nos rodean.

Para finalizar, no se quieran confundir con el olvido. Como ya mencioné, olvidarse de las situaciones no nos sanará de ninguna manera. La mente nos hará pensar que hemos olvidado, pero el recuerdo seguirá latente dentro de ella; y podrá activarse cuando menos lo esperemos. Es todo lo contrario, debemos recordar y evocar, para entonces poder perdonar lo pasado.

Mi siguiente publicación será una especie de anexo, sobre el contacto con Dios, la meditación y eso del mundo interior. No hay que empezar a frenarse por escuchar términos así sólo porque no se cree en ellos. Debemos recordar que abrir la mente siempre es el primer paso para todo buen cambio. Espero que les sirva lo que haya escrito y que por lo menos vayan mentalizando lo que he dicho, pues hacerlo resultará mucho más complejo de lo que mencioné y si se deja a medias, podría dejar resultados peores de los que se tenían con anterioridad.

Por favor comenten sus ideas y respondan las encuestas de integración. (*disculpen que no se vea tan bien, pueden seleccionar el texto para que se vean las letras, sólo tengan cuidado de no dar clic en las opciones, sino en el encabezado; para seleccionar dejan presionado el clic izquierda y luego arrastran el cursor hacia abajo)

Bien, ha pasado ya mucho tiempo desde mi última entrada, hace falta una nueva. Esto va para todos quienes estén interesados en abrir un poco más la entrada hacia sus almas y estén dispuestos a ver algo oscuro que habita dentro de ellas de manera latente, aparentemente inerte: el resentimiento.

Continuando con el tema de la ira, hace falta mencionar su representación más cruda y más terrible en el ser humano. Cuando reprimimos la ira, por impotencia por ejemplo, tendemos a almacenarla y fingimos olvidarnos de ella por conveniencia. En numerosas ocasiones me he visto a mí mismo respirando rápidamente mientras canalizo toda la ira que siento en el momento hacia el interior hasta que se apaga y creo no verla más.

Es muy duro notar en mí y otras personas la eterna imagen de felicidad que aparece en sus caras, mientras existe por dentro un corazón que se pudre, destrozado por el odio que dejaron ahí reprimido. La ira en nuestro interior crece como un tumor que termina por generar un cáncer, una explosión dramática en contra de quien se ponga en frente, y que se va extendiendo de forma creciente y constante. Una metástasis explosiva.

Yo comprendo el resentimiento como el coraje y odio reprimidos causados por una o varias personas, objetos o conceptos que han causado daño de manera voluntaria o involuntaria, directa o indirecta, a una persona. Es decir, el sentimiento guardado en nuestro interior, provocado por algo que nos hizo enojar.

Existe resentimiento a los padres porque te llenan de restricciones: no fumes, no bebas, no salgas tan tarde, tus amigos los vándalos son malas influencias, etc. Las autoridades no nos dejan más que reprimir nuestro enojo. No podemos hacer absolutamente nada, por lo menos no en el momento. Así es como piensa la ira: “No dejes para hoy lo que sí puedes hacer mañana”

Es entonces que decides guardarte el enojo para después. Esperas ese día, ese instante perfecto en que puedes lanzar la piedra que te dejaron en el zapato durante tanto tiempo y que ya te ha causado tanto dolor, que la regresas con mucha más fuerza. Mientras más tiempo ha pasado, más daño causó y, por lo tanto, más dura será la venganza.

Este término venganza está estrechamente relacionado con el resentimiento. Una vez que has almacenado suficiente odio en tu interior, estás listo para dispararlo de un golpe hacia quien te hizo daño o, de no ser posible, hacia quien te de la oportunidad. La venganza es el desquite de todo el daño interior producido por el almacenamiento de la ira, es decir, el daño que produce todo ese resentimiento.

La venganza no cura, de ninguna forma, el resentimiento; de hecho, lo alimenta. Tras vengarnos (con quien sea) liberamos una carga de odio que se ha acumulado en nuestro interior, sin embargo; esta no se disipa en el exterior, sino que tras liberar su carga, regresa a nuestras almas y se almacena de nuevo, esperando llenarse más para seguir creciendo. De ahí surgen cosas como el sadismo. Ya no es desagradable, deseamos llenarnos más de odio para poder vengarnos de nuevo, ya es un resentimiento enfermizo que se retroalimenta sin pedirnos opinión al respecto.

No es nada fácil identificar el resentimiento en nosotros mismos, es incluso difícil verlo en otras personas, porque solemos ocultarlo maravillosamente para que nadie vea lo malos que somos por dentro y todos esos deseos de venganza que almacenamos en nuestros corazones. Sin embargo, una vez que sabes y reconoces que tienes resentimiento hacia lo que sea (digo lo que sea porque existe el resentimiento hacia gente muerta, objetos, grupos sociales, etc.) serás más capaz de curarlo y de no permitir que te siga haciendo daño.

Es el perdón la manera en que acabaremos con nuestras cargas de resentimiento. Tomaré más a fondo este tema cuando empiece a ver los valores opuestos a los defectos de carácter que vaya mencionando (iniciando con la ira…). Que no se confunda con el olvido, que se cree es una manera de vivir feliz; nunca! El olvido no existe, es una manera falsa de ocultar las cosas en el interior; porque no somos, aún, capaces de eliminar la información de nuestro cerebro. Quizá se vuelva inaccesible a nuestro consciente, pero seguirá latente, creciendo, hasta que pueda salir y hacerse presente.

Intentando concluir, debo mencionar que el resentimiento es el almacenamiento de la ira reprimida que no debe tomarse a la ligera, pues puede causar daño severo, a quien lo almacena y a quien reciba el desquite, de diferentes maneras. El reconocimiento y el perdón serán las herramientas básicas para poder curar el dolor que causa tal situación.

Prueben, no está de más conocerse un poco a sí mismos. El mundo no es sólo internet, cine, obras de teatro y deporte. Existe un mundo en nuestro interior que debemos cuidar más que a cualquier otro, porque de su bienestar, dependerá el bienestar del mundo colectivo en que habitamos.

**Asegúrense de responder la encuesta de integración y, posteriormente, comentar la entrada. Pásenla chido!

Muchas personas hacen referencias a la ira como un estado de agresividad descontrolada que ansía su saciedad en la agresión (física, verbal, etc) de quienes la causaron o sobre quien pueda descargarse. Sin embargo, la ira puede ir más allá.

Al mencionar la palabra ira, vienen a la cabeza palabras como enojo, coraje, molestia, desquite, venganza… Esta última la considero una muy interesante en cuanto a la ira.

La venganza, ese deseo del hombre por descargar la ira que se acumuló en el pasado. Generalmente ocurre cuando se nos hace algo malo y queremos devolverle el favor a quien nos la hizo; sin embargo, la venganza puede estar mal direccionada. En más de una ocasión he visto a un padre gritándole en forma brutal a su hijo por algún problema personal; daré un ejemplo que viví hace poco.

Como antecendente, mi tío había dado una paliza a su esposa mientras estaba ebrio (causas, razones, sentidos, etc se reservan, la verdad no sé qué haya pasado en su borrachera). Ella es muy manipuladora, le encanta la vida sencilla y siempre busca que otros hagan las cosas por ella; él, es muy imponente y soberbio, pero tiene un defecto muy curioso: es un “mandilón”, o como le diría yo: codependiente (Comparte sentimientos y estados de ánimo con otra persona, en este caso, su esposa). Él dirige toda su atención hacia ella con el fin de mantenerla feliz y así estar feliz él también, y es por eso que ella tiene toda la capacidad para manejarle.

Al grano. No logré ver lo que había pasado antes del acto, pero seguro que ella le había estado haciendo el viaje imposible a mi tío en el coche (y más aprovechándose de la culpa que ya sentía mi tío por la estupidez que hizo), porque cuando llegó comenzó a gritarle terriblemente a mi primo y regañarlo por demorarse en subir al coche para irse a su casa. Era muy obvio que sólo quería desquitarse. Puedo agregar algo muy interesante, mi tío no buscaba desquitarse por lo insoportable de su esposa, sino por lo mal que se sentía consigo mismo por no poder decirle nada (y no porque la golpeó, porque se nota mucho que eso no trasciende, sino porque es codependiente de ella).

Esta es una muestra de las formas distorsionadas que puede tomar la ira en nuestras vidas. Seguro que a más de uno nos ha tocado que nuestros padres se desquiten de sus problemas con nosotros sin causa alguna. Este tipo de comportamientos injustos de seres con mayor poder o autoridad genera una >ira reprimida< pues no puede ser descargada de vuelta, sino que se queda encerrada en nuestras mentes. Como consecuencia final de esta ira reprimida se encuentra el resentimiento. En mi siguiente publicación tomaré a fondo el tema del resentimiento, ya que es la forma desarrollada de la ira que me parece más nefasta para las personas y que es capaz de arruinar decenas de vidas por estar en la mente de una sola persona.

La ira opaca el exterior y lo hace distorsionado, nos hace ciegos y nos deslinda de todo valor ético previamente inculcado, exalta lo malo y hace invisible lo bueno. La ira transforma todo en odio y genera tendencias a la destrucción: nos vuelve malvados.

En el futuro hablaré también acerca de la tolerancia, valor que contrarresta los efectos de la ira. Gracias por haber leído hasta el final, espero su comentario y dudas al respecto.

No te olvides de contestar la grandiosa y anónima encuesta de integración.